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Full text of "El mensaje del presidente Wilson. Discurso pronunciados en la Cámara de disputados por el ministro de relaciones exteriores, Don Luis Barros Borgoño, en las sesiones del 12 y 13 de diciembre de 1918"

n« 5 

Iñ CUESTIÓN CHILEMO-PERUñhR 

EL MENSfíjE 
DEL PRESIDEMTE WILSON 



Discursos pronunciados en la 
Cámara de Diputados por el 
Ministro de Relaciones f dete- 
riores, don Luis Barros Bor- 
goño, en las sesiones del 12 
y 13 de Diciembre de 1918. 







Santiago de Chile 
IMPREMTfl UrilVERSITñRjR 

ESTADO 63 
1919 



m CüESTIÓri CHILEMO-PERUñhñ 



El Mensaje del Presidente Wüson 



n," 5 

Iñ CUESTIÓN CHILEMO-PERÜñhfl v- 309?. 

EL MENSñjE 
DEL PRESIDEMTE WILSOÑ 



Discursos pronunciados en la 
Cámara de Diputados por el 
Ministro de Relaciones Ej^te- 
riores, don Luis Sarros Bor- 
goño, en las sesiones del 12 
y 13 de Diciembre de 1918. 




Santiago de Chile 
IMPREMTP UMiVERSITñRIfl 

ESTRDO 63 
1919 




liaiififiííiMi 



ESTADO 63 



MEhSR]E 

del Presidente Wilson al Presidente de la 

República de Chile 

El Presidente de los Estados Unidos desea 
informar a S. E. que el Gobierno de los Es- 
tados Unidos ha visto con la mayor apren- 
sión los varios incidentes que han producido 
la suspensión de las relaciones consulares 
entre las Repúblicas de Chile y del Perú. 
Cualquiera agitación quepueda contrariar las 
perspectivas de una paz permanente en el 
mundo — particularmente en visperas de la 
convocación de la Conferencia de la Paz en 
Paris, en la cual se espera confiadamente 
que podrá avanzarse en el sentido de estable- 
cer una era de paz definitiva entre todos los 
pueblos — sería desastrosa, y las personas que 



— 6 — 

la provocaran cargarían ante el mundo con 
grave responsabilidad por sus actos. 

El Presidente de los Estados Unidos con- 
sidera de su deber llamar la atención de los 
Gobiernos del Peni y de Chile hacia la gra- 
vedad de la actual situación, y señalarles la 
obligación que tienen para con el resto del 
inundo y la humanidad en general, de tomar 
medidas inmediatas para repynmir la agita- 
ción popular y restablecer sus relaciones pa- 
cificas. 

No puede dudarse de que se llegará a una 
solución satisfactoria y pacifica de las difi- 
cultades producidas entre los dos países, y el 
Gobierno de los Estados Unidos está listo 
para ofrecer, solo o conjuntamente con los 
otros países de este hemisferio, toda la asis- 
tencia posible para llegar a una solución 
equitativa de la cuestión. 



Recibido el 6 de Diciembre de 1918. 



COÑTESTñCIÓh DEL PRESIDEMTE DE CHILE 

El Presidente de Chile ha recibido la amis- 
tosa declaración de S. E. el Presidente Wil- 
son, que le informa de la aprensión con que 
ha visto el Gobierno de los Estados Unidos 
los varios incidentes que han producido la 
suspensión de las relaciones consulares entre 
las reptíblicas de Chile y del Perú. Le corres- 
ponde expresar, en respuesta, que dichos in- 
cidentes no han alterado en momento alguno 
la serenidad con que el Gobierno de Chile 
aprecia los sucesos que, en cualquiera forma, 
'pueden producir inquietud en las relaciones 
internacionales. 

S. E. el Presidente de los Estados Unidos 
estima, con fundada razón, que seria desas- 
trosa cualquiera agitación que pudiese con- 
trariar la perspectiva de una paz permanen- 



te en el mundo, y confiado en que la Confe- 
rencia de la Paz y próxima a reunirse en 
Paris, habrá de avanzar en el sentido de es- 
tablecer una era de paz definitiva entre todos 
los pueblos, señala la grave responsabilidad 
en que habrían de incurrir ante el mundo 
los que la perttcrbasen . 

El Presidente de Chile coitsidera oportu- 
no expresar en esta ocasión que el pueblo 
chileno, felizmente en paz con todas las na- 
ciones, desde treinta y cinco años atrás, con- 
traído con todas sus energías a la obra de su 
pros])eridad y de su bienestar, ha sabido re- 
solver, con espíritu justo, todas las diferen- 
cias con sus vecinos, y hace los más fervien- 
tes votos por la obra de la paz definitiva, 
entre todos los pueblos, que haya de plantear- 
se en la Conferencia de París. 

S. E. el Presidente Wilson llama la aten- 
ción de los Gobiernos de Chile y del Perú 
hacia la obligación que tienen para con el 
resto del mundo y la humanidad, en orden 
al mantenimiento de sus relaciones pacíficas. 

El Presidente de Chile concuerda con tan 
elevado concepto, y puede decir que siempre 



— 9 — 

se ha esmerado su Gobierno en apartar todo 
accidente que pudiera alterar, sin motivo, ¡as 
l)uenas relaciones que mantiene y cultiva con 
todos los pueblos, y muy especialmente con 
los diversos países del continente americano. 

Concluye el Mensaje de S. E. el Presidente 
de los Estados Unidos, afirmando su convic- 
ción en la solución pacifica de las diferencias 
existentes, y manifiesta, a la vez, hallarse lis- 
to para ofrecer solo o conjuntamente con los 
otros países de este hemisferio, toda la asis- 
tencia posible para llegar a una solución 
equitativa de la cuestión. 

El Presidente de Chile agradece y se com- 
place de los amistosos sentimientos del Go- 
bierno de los Estados Unidos, y confía en 
que la desinteligencia que Chile tiene pen- 
diente con el Perú, y que siempre ha procu- 
rado resolver, habrá de encontrar solución 
defatitiva en conformidad a los preceptos del 
Tratado de Ancón, que rige las 7'elaciones de 
los dos países, y a cuyo cumplimiento se halla 
vinculada la fe de la nación. 



Del 7 de Diciembre de 1918. 



DISCURSO 

pronunciado por el Ministro de Relaciones E^te- 

rioreS; don Luis Barros BorgoñO; en la sesión 

celebrada por la Honorable Cámara de Diputados, 

el 12 de Diciembre de 1918 

Señor Presidente: Solicito la benevolen- 
cia de la Honorable Cámara para informar- 
la sobre un asunto internacional del msíyor 
interés y darla a conocer el mensaje que 
S. E. el Presidente Wilson ha dirigido a 
S. E. el Presidente de la Kepública. 

Estoy cierto que la Honorable Cámara, 
así como el país entero, se habrán de impo- 
ner con satisfacción del espíritu amistoso 
hacia el país que ha dictado ese elevado do- 
cumento, como asimismo de los sentimien- 



— 12 — 

tos de justicia y de paz en que se halla 
inspirado. 

Es fácil comprender la aprensión que 
ha debido asaltar al espíritu de S. E. el 
Presidente de los Estados Unidos, cuando 
partía para la Conferencia de París, al pen- 
sar que en esta parte de la América podía 
perturbarse la obra de la paz, de que él es 
tan preclaro como dignísimo represen- 
tante. 

Pero no dudo que una apreciación pos- 
terior de los sucesos locales y sin otra 
trascendencia, verificados en esta costa, ha- 
brá de apartar toda impresión de inquie-, 
tud. 

El conocimiento exacto de la declaración 
de S. E. el Presidente Wilson y la contes- 
tación de S. E. el Presidente de la Eepú- 
blica, permitirán apreciar el alcance y sig- 
nificación de este acto internacional. 

Con fecha 6 del presente mes, Í5. E. el 
Embajador de los Estados Unidos puso en 
manos de S. E. el Presidente, en presencia 
del Ministro de Relaciones Exteriores, el 
siguiente mensaje cablegráfico: 



— 13 — 

«El Presidente de los Estados Unidos 
desea informar a S. E. que el Gobierno de 
los Estados Unidos ha visto con la mayor 
aprensión los varios incidentes que han 
producido la suspensión de las relaciones 
consulares entre las Repúblicas de Chile y 
del Perú. Cualquiera agitación que pueda 
contrariar las perspectivas de una paz per- 
manente en el mundo — particularmente 
en vísperas de la convocación de la Con- 
ferencia de la Paz en París, en la cual se 
espera confiadamente que podrá avanzarse 
en el sentido de establecer una era de paz 
definitiva entre todos los pueblos — sería 
desastrosa, y las personas que las ])rovo- 
caran cargarían ante el mundo con grave 
responsabilidad por sus actos. 

«El Presidente de los Estados Unidos 
considera de su deber llamar la atención 
de los Gobiernos del Perú y de Chile hacia 
la gravedad de la actual situación y señalar- 
les la obligación que tienen para con el 
resto del mundo y la humanidad en gene- 
ral, de tomar medidas inmediatas para re- 



— 14 — 

primir la agitación popular y restablecer 
sus relaciones pacíficas. 

«No puede dudarse de que se llegará a 
una solución satisfactoria y pacífica de las 
dificultades producidas entre los dos paí- 
ses, y el Gobierno de los Estados Unidos 
está listo para ofrecer, solo o conjuntamen- 
te con los otros países de este hemisferio, 
toda la asistencia posible para llegar a una 
solución equitativa de la cuestión.» 

S. E. el Presidente de la República con- 
testó el día 7, al mensaje anterior, en la 
siguiente nota verbal: 

«El Presidente de Chile ha recibido 
la amistosa declaración de S. E. el Presi- 
dente Wilsou, que le informa de la apren- 
sión con que ha visto el Gobierno de los 
Estados Unidos los varios incidentes que 
han producido la suspensión de las relacio- 
nes consulares entre las repúblicas de Chi- 
le y del Perú. Le corresponde expresar, en 
respuesta, que dichos incidentes no han al- 
terado en momento alguno la serenidad 
con que el Gobierno de Chile aprecia los 
sucesos que, en cualquiera forma, pueden 



— 15 — 

producir íd quietud en sus relaciones inter- 
nacionales. 

S. E. el Presidente de los Estados Uni- 
dos estima, con fundada razón, que sería 
desastrosa cualquiera agitación que pudie- 
se contrariar la perspectiva dé una paz 
permanente en el mundo, y confiado en que 
la Conferencia de la Paz, próxima a reunir- 
se en París, habrá de avanzar en el sentido 
de establecer una era de paz definitiva en- 
tre todos los pueblos, señala la grave res- 
ponsabilidad en que habrían de incurrir 
ante el mundo los que la perturbasen. 

El Presidente de Chile considera opor- 
tuno expresar en esta ocasión que el pueblo 
chileno, felizmente en paz con todas las 
naciones, desde treinta y cinco años atrás, 
contraído con todas sus energías a la obra 
de su prosperidad y de su bienestar, ha 
sabido resolver, con espíritu justo, todas las 
diferencias con sus vecinos, y hace los más 
fervientes votos por la obra de la paz defi- 
nitiva, entre todos los pueblos, que haya de 
plantearse en la Conferencia de París. 

S. E. el Presidente Wilson llama la aten- 



— 16 — 

ción de los Grobiernos de Chile y del Perú 
hacia la obligación que tienen para con el 
resto del mundo y la humanidad, en orden 
al mantenimiento de sus relaciones pací- 
ficas. 

El Presidente de Chile concuerda con 
tan elevado concepto, y puede decir que 
siempre se ha esmerado su Gobierno en 
apartar todo accidente que pudiera alterar, 
sin motivo, las buenas relaciones que man- 
tiene y cultiva con todos los pueblos y muy 
especialmente con los diversos países del 
continente americano. 

Concluye el mensaje de S. E. el Presi- 
dente de los Estados Unidos afirmando su 
convicción en la solución pacífica de las 
diferencias existentes, y manifiesta, a la vez, 
hallarse listo para ofrecer, solo o conjunta- 
mente con los otros países de este hemis- 
ferio, toda la asistencia posible para llegar 
a una solución equitativa de la cuestión. 

El Presidente de Chile agradece y se 
complace de los amistosos sentimientos del 
Grobierno de los Estados Unidos, y confía 
en que la desinteligencia que Chile tiene 



— 17 — 

pendiente con el Perú y que siempre ha 
procurado resolver, habrá de encontrar so- 
lución definitiva en conformidad a los pre- 
ceptos del Tratado de Ancón, que rige las 
relaciones de los dos países y a cuyo cum- 
plimiento se halla vinculada la fe de la na- 
ción »•. 

El texto y espíritu de aquel elevado 
mensaje corresponden a la política inter- 
nacional de respeto al derecho y de consa- 
gración a los principios de justicia que 
constituyen la legítima aspiración de todos 
los pueblos de América. 

En todo momento, Chile ha sido el más 
firme propulsor de estos sentimientos, y ha 
dado pruebas efectivas de ello con la cele- 
bración de pactos internacionales de la ma- 
yor trascendencia. 

Apenas si necesito recordar el Tratado 
que puso término definitivo a la antigua y 
delicada cuestión de límites con la Repú- 
blica Argentina, y que ha cimentado nues- 
tra secular e histórica amistad sobre las 
bases inalterables del afecto íntimo de sus 
pueblos, de la estimación recíproca y de la 



— .18 — 

cordial comprensión de sus necesidades, ele 
sus anhelos y de sus futuros destinos. 

De índole análoga fué el Tratado de paz 
y amistad con la República de Bolivia, de 
20 de Octubre de 1904, que puso término 
al régimen del Pacto de Tregua, de 4 de 
Abril de 1884. 

Si en su origen este Pacto, con la cesa- 
ción del estado de guerra, estuvo limitado 
a proveer transitoriamente a las exigencias 
diversas emanadas de aquella situación, 
encerraba como propósito ulterior, expre- 
samente definido, el de preparar y facilitar 
el ajuste de una paz sólida y estable entre 
las dos Repúblicas. 

Veinte años de leal ejercicio permitieron 
apagar las antiguas pasiones y realizar 
aquel propósito, con amplio criterio y con 
espíritu equitativo para apreciar y estable- 
cer las relaciones políticas y comerciales 
de los dos países. 

Los vínculos de tradicional amistad que 
nos unen a la República del Brasil no han 
hecho sino acrecentarse cada vez más, mer- 



— 19 — 

ced a una política de perfecta inteligencia 
y de estricta comunidad de miras. 

Esos mismos sentimientos amistosos los 
recibimos y cultivamos con la República 
del Uruguay, y son solidarios a todos los 
demás países de América, con quienes vi- 
vimos en perfecta confraternidad. 

Ha sido motivo de especial satisfacción 
para Chile sentirse, en estos días, acompa- 
ñado por el alma y el corazón de esos pue- 
blos, que han exteriorizado sus sentimien- 
tos en espontáneas y sinceras manifestacio- 
nes, como las de Quito y de Bogotá, com- 
prometiendo una vez más la gratitud del 
pueblo chileno. 

Todo esto manifiesta que los países de 
este hemisferio comprenden y aprecian la 
política internacional de Chile, inspirada 
siempre en sentimientos de justicia, y que 
se ha movido en todos los momentos his- 
tóricos de la América dentro del concepto 
de su deber y de un espíritu consecuente y 
sano, de verdadera política americana. 

Chile no tiene pendiente hoy ninguna 
cuestión fundamental. La desinteligencia 



-^ 20 — 

en que se halla con el Perú, que se hizo 
aguda el año 1910, por el inopinado retiro 
de la Legación de este país, y que no al- 
canzó a modificarse el año 1 912, a pesar de 
los deseos del Gobierno de Chile, no ha 
vuelto a ser sometida en forma alguna a la 
consideración de la Cancillería chilena. 

Por lo demás, y como es demasiado no- 
torio, esa controversia se refiere a acciden- 
tes y derivaciones secundarias del Tratado 
de Ancón, el que tiene trazadas, en forma 
solemne y en términos irredargüibles, las 
relaciones políticas entre los dos países. 

Al presente, como en todo momento, 
Chile ha estado dispuesto a considerar las 
disposiciones reglamentarias a que deba 
subordinarse el plebiscito que ha de decidir, 
en forma definitiva, la suerte de las pro- 
vincias de Tacna y de Arica, y no necesi- 
to sostener en este momento lo que consti- 
tuye la expresión uniforme del sentimien- 
to nacional: que Chile tiene vivo interés 
en realizar ese plebiscito, a fin de que esas 
provincias puedan manifestar en forma 
inequívoca, como de ello estoy cierto, su 



— 21 



firme voluntad de incorporarse definitiva- 
mente al régimen político de Chile, que 
ha de afirmar en términos eficaces la pros- 
peridad y el bienestar de aquella región. 



DISCURSO 

pronunciado por el Ministro de Relacione5 Exte- 
riores, don Luis Barros Borgoño, en la sesión ce- 
lebrada por la Honorable Cámara de Diputados 
el 15 de Diciembre de 1918 

Señor Presidente: Me veo en el caso de 
solicitar de nuevo la benevolencia de la 
Cámara a fin de poder completar la breve 
síntesis que ayer tuve la honra de hacer, 
con una mayor amplitud ahora, respecto del 
alcance del acto internacional de que me 
ocupé en la sesión anterior y de la sitúa- 



— 24 — 

ción en que las diversas Cancillerías de los 
países americanos pueden encontrarse al 
presente, en relación con ese acto. Cvim- 
pleme, en primer término, decir que al 
comunicar ayer los mensajes cambiados 
entre el Presidente de los Estados Unidos 
y el Presidente de Chile, lo hice previo 
acuerdo con S. E. el Embajador de los Es- 
tados Unidos, ya que, dadas las prácticas 
diplomáticas, convenía recabar este asen- 
timiento por tratarse de una negociación 
recién iniciada. Además, tenía ayer moti- 
vos que me permitían creer que. la Can- 
cillería de Washington haría hoy una in- 
formación completa de estos antecedentes. 
Por lo demás, la honorable Cámara debe 
saber que el Ministerio de Relaciones Ex- 
teriores ha cuidado de informar a diario, 
sobre la apreciación que le merecía la si- 
tuación actual, a todas las Legaciones de 
Chile, y se ha mantenido en constante co- 
municación con la Embajada en Washing- 
ton. Y no sólo perseguía el Ministerio el 
propósito indispensable de mantener com- 
pletamente informados a nuestros agentes 



— 25 — 

diplomáticos, sino también proponíase, de 
esta suerte, que pudieran apreciarse por 
los respectivos Gobiernos ante los cuales 
están acreditados, el criterio de Chile y sus 
diversos puntos de vista. En todo momen- 
to he cuidado de caracterizar aquel acto 
como la expresión del sentimiento amisto- 
so del Gobierno de los Estados Unidos, y 
como la manifestación de encontrarse listo 
para prestar su concurso en caso necesario. 

La información del Gobierno de los Esta- 
dos Unidos a las naciones americanas no ha 
podido tener otro objeto que informarlas 
del hecho mismo, sin agregar accidente al- 
guno que no estuviese en su texto. Apare- 
ce del documento insinuada la posibili- 
dad de un ofrecimiento y se contempla, 
además, la eventualidad de que pudie- 
ra ser ejercitado solo o conjuntamente 
con otros países de este hemisferio. El 
Gobierno de Chile no tiene conocimiento 
de que se haya propuesto ejercitarlo en 
alguna de estas dos formas. 

En cuanto al objetivo mismo perseguido 
por la insinuación del Gobierno Americano, 



— 26 — 

cabe establecer que los sucesos ocurridos 
en el Perú con nuestros cónsules y el ocu- 
rrido posteriormente en Iquique, que mo- 
tivaban el temor de perturbaciones en 
nuestras relaciones pacíficas, habían desa- 
parecido y parecían haber perdido ya su 
oportunidad. La alusión que pudiera des- 
prenderse de ese mismo documento, en re- 
lación a la cuestión misma del plebicisto, no 
requeriría tampoco consideración alguna 
actual, desde que no hay hecho alguno que 
obligue a una solución inmediata. 

El Grobierno de los Estados Unidos ha 
empleado un término que ha sido corrien- 
te en su diplomacia y que está calculado 
para no despertar susceptibilidad en las 
naciones americanas. Es tradicional eseres- 
peto de la Cancillería de Washington a la 
independencia de todas las naciones libres 
de la América. 

Al llevar su información a las demás 
Cancillerías lo ha hecho con el mismo cri- 
terio y el propósito de concurrir con su 
ayuda y su consejo a apartar toda dificul- 
tad aguda. 



— 27 — 

No hay nada que pueda importar una me- 
diación, ni siquiera un procedimiento en- 
caminado a ese resultado. En general, has- 
ta este momento, las diversas Cancillerías 
se han limitado a tomar nota de la insi- 
nuación del Grobierno americano. Segura- 
mente estudian la oportunidad de una in- 
gerencia, que acaso pudiera ser considerada 
ya sin objeto. Tengo antecedentes para 
afirmar que alguno de estos Gobiernos 
ha expresado que no divisa ningún hecho 
que pueda inducirle a hacer siquiera una 
insinuación a Chile. Hay otros que han es- 
timado inoportuna cualquiera ingerencia. 
Otros, muy amigos de Chile, se manifies- 
tan prontos a concurrir, si ello fuese nece- 
sario, por que se aparte de su camino toda 
sombra de perturbación y siempre que 
Chile insinúe la aceptación de una gestión 
oficiosa. Pero, como lo he expresado, el Gro- 
bierno no ha tenido todavía que considerar 
ninguna actuación de Cancillería que le 
hubiera podido imponer alguna contesta- 
ción. 

Chile ha debido en todo momento a la 



— 28 — 

Nación Americana, tipo de democracia y 
de gobierno libre, un concurso amistoso e 
imparcial en la solución de sus grandes 
cuestiones internacionales. 

Aun en los momentos más críticos, 
cuando algunos de los representantes de esa 
nación en el Perú se apartaron de la nor- 
ma de imparcialidad, no tardó en hacerse 
sentir la dirección suprema de la Cancille- 
ría americana, para señalar las reglas que 
han imperado siempre en ese Gobierno y 
que están conformes con los precedentes y 
con la doctrina de sus propios estadistas y 
publicistas. 

Voy a recordar los antecedentes más im- 
portantes y de mayor relieve. 

El primero de ellos se refiere al momen- 
to en que las armas de Chile, vencedoras 
en la campaña, en las gloriosas batallas de 
Tacna y Arica, creían con justicia poder 
encontrar al Perú en situación de resig- 
narse al resultado de una guerra que ha- 
bía perdido definitivamente y que debía 
liquidar con sus ineludibles consecuencias. 

El Grobierno de Chile, vencedor, y an- 
tes de preparar su campaña sobre Lima, no 



— 29 — 

tuvo inconveniente en deten-er en el ca- 
mino a su ejército victorioso y acceder al 
amistoso concurso que le quisieran prestar 
los representantes de los Estados Unidos, 
en el sentido de inducir al Perú a la acep- 
tación de proposiciones de paz. 

Esas negociaciones de paz, abiertas en 
el puerto de Arica, a bordo de la nave ame* 
ricana Lachmvana, y con el concurso amis- 
toso de los diplomáticos americanos, seña- 
lan un acto de concordia y de espíritu amis- 
toso que el Gobierno de Chile estimó 
entonces y ha estimado siempre en todo 
su valor. Pero cumple recordar que, antes 
de ofrecerlo, la Cancillería Americana pro- 
curó inquirir respecto del ánimo en que 
se encontraba el Gobierno de Chile, en or- 
den al posible acto de amistosa mediación. 
Af efecto, con fecha 6 de Octubre de 1880, 
el señor Ministro de los Estados Unidos, 
don Tomás A. Osborne, dirigió al Ministe- 
rio de Relaciones Exteriores de Chile la 
siguiente comunicación: 

« V'uestra Excelencia sabe que el 6 de 
» Agosto me acerque al Honorable Pre- 



— 30 — 

» sidente de la República de Chile, con el 
» propósito de saber si el Gobierno de 
j- Chile estaría dispuesto a entrar en con- 
» ferencias con los Ministros de las otras 
» Repúblicas beligerantes en la presente 
» guerra, para llegar a una paz honrosa, 
» bajo la mediación, en forma de buenos 
» oficios, de los Estados Unidos. V. E. se 
» dignó informarme, en nuestra entrevista 
» del 10 de Agosto, que el Gobierno de 
» Chile aceptaría los buenos oficios de los 
» Estados Unidos en la forma sugerida si 
» el Perú y Bolivia significaren por su 
» parte su aceptación a esta idea. Estando 
» cumplidas las condiciones indicadas por 
y> V. E. en la entrevista mencionada, tengo 
» ahora la honra de ofrecer formalmente 
» al Gobierno de V. E. la mediación del 
» Gobierno de los Estados Unidos, para 
». que sea ejercida en la forma propuesta. 
» La forma que sugerí en la entrevista 
» aludida, tenía en miras la celebración de 
» uña conferencia de los Ministros, debida- 
» mente autorizados, de las Repúblicas 
» beligerantes, a bordo de una nave de 



31 



> guerra americana, en presencia y con 
» amistosa ayuda y asistencia de la Repú- 
» blica de los Estados Unidos ante los Gro- 
» biernos beligerantes./) 

El Gobierno de Chile, en nota de 7 de 
Octubre, agradeciendo el noble interés con 
que el Gobierno de los Estados Unidos 
procuraba el restablecimiento de la paz, 
decía, en conclusión: «Mi Gobierno acepta 
:v la mediación en forma de buenos oficios, 
)> y acepta igualmente el procedimiento 
» que V. E. sugiere para llevarla a efecto». 

Es muy oportuno recordar la gestión, 
igualmente amistosa del Gobierno Ameri- 
cano, que dio como resultado la aprobación 
del Tratado de Límites con Argentina, de 
23 de Julio de 1881. 

Se arribó a ese acuerdo por el concurso 
amistoso de los diplomáticos americanos 
en Santiago y Buenos Aires, los señores 
Tomás A. y Tomás O. Osborne. 

La primera comunicación emanada del 
Plenipotenciario americano en Santiago al 
Ministro residente en Buenos Aires, es de 
fecha 25 de Abril de 1881, v dice así: «El 



32 



» Gobierno de Chile no tiene inconveniente 

> en que Ud. y yo nos ocupemos del asunto, 
* para buscar un medio de arreglo». 

Tramitados los preliminares por dichos 
diplomáticos y producido el acuerdo, diri- 
gió el Ministerio de Eelaciones Exteriores 
de Chile al representante americano en 
Santiago, la nota de 3 de Julio de 1881. 
Se dejó testimonio de los esfuerzos gas 
tados por los diplomáticos americanos, se 
les comunicó el texto íntegro y se les pide 
«su concurso amistoso para hacer llegar al 
» conocimiento del Grobierno argentino las 
» bases que sirvieron para realizar la ne- 

> gociación». 

Después de varias incidencias que la 
mantuvieron pendiente, el Gobierno de 
Chile, por nota de 25 de Junio de 1881, 
manifiesta su satisfacción por haberse ter- 
minado el asunto «mediante los eficaces 

> bondadosos oficios de la República Ame- 
» ricana y el buen espíritu manifestado 
» por ambos Gobiernos » . 

Es este uno de los casos en que el con- 
curso amistoso de los representantes bien 



inspirados de una nación amiga consigue 
encaminar hasta resultados definitivos la 
negociación completa de un Tratado. 

Aquella participación amistosa se hizo 
en momento oportuno, cuando Chile se 
hallaba vencedor y no había existido ni el 
amago de una presión sobre su libre vo- 
luntad para tratar. 

Llego a otra etapa interesante de ese 
concurso siempre constante del Gobierno 
de los Estados Unidos para arribar a una 
solución de la guerra de 1879 y que apa- 
rece consignado en las importantísimas 
conferencias de Viña del Mar. 

Nó es mi ánimo ocuparme ahora mismo, 
con todo su relieve, de aquella brillantí- 
sima actuación de nuestra Cancillería, que 
dejó trazada una norma imborrable a todos 
los Ministros de Relaciones Exteriores de 
Chile. Habré de hacerlo, sí, en su mo- 
mento, con todo el interés que requiera 
aquel acto único y trascendental de nues- 
tra diplomacia. 

Por hoy quiero sólo recordar los ante- 
cedentes que han de servir para calificar 



— 34 ~ 

la índole y el espíritu de la gestión ameri- 
cana. 

El primero de esos antecedentes y de 
la mayor autoridad, es la nota de 8 de 
Octubre de 1881, del Ministro americano, 
el general Kilpatrick, acreditado en San- 
tiago, que en su parte pertinente dice así: 
«En ningún tiempo el Gobierno de los Es- 
» tados Unidos de América ha intervenido 
» oficiosamente en los asuntos de otros 
» países, ni aún cuando estaban compro- 
» metidos sus propios intereses, y mucho 
» menos lo habría de hacer tratándose sólo 
» de intereses de países amigos, respecto a 
» los cuales no puede existir móvil que lo 
» induzca a inclinarse a favor del uno o 
» del otro». 

En esa misma nota se' insertan las ins- 
trucciones que el señor Kilpatrick había 
recibido de su Grobierno y que son del 
tenor siguiente: «Este Gobierno (Estados 
» Unidos) no puede anticiparse a creer que 
» la oferta de una intervención amistosa en 
» las cuestiones pendientes sería ahora del 
» agrado del Gobierno de Chile. Mas, está 



35 



» cierto que el Gobierno chileno apreciará 
» el interés natural y profundo que los Es- 
» tados Unidos experimentan en la termi- 

> nación de una situación tan calamitosa 
» en sus resultados para los mejores inte- 
» reses de las repúblicas sudamericanas. 

> El Gobierno de Chile debe saber también 
» que, si en cualquier tiempo, la interposi- 
» ción de los buenos oficios de este Go- 
y> bierno puede contribuir al restableci- 
» miento de las buenas relaciones, ellos 
» (los Estados Unidos) la ofrecerán pron- 
» taraente, tan luego como aquél mani- 
í fieste su deseo». 

Se agrega todavía en CBas instrucciones 
«que en todas las conversaciones que man- 
» tenga con las personas del Gobierno de 
» V. E., a este respecto, debo ajustarme a 
» las leyes conocidas del Derecho Interna- 
» cional, y que en ninguna circunstancia 
» ofrezca oficialmente cualquier consejo al 
» Gobierno de Chile que no hubiera sido 
» solicitado por éste». 

En segundo término y prescindiendo de 
los demás incidentes de aquella Conferen- 



— 36 ~> 

cia, debo referirme a la parte final de la 
comunicación del Ministro de Relaciones 
Exteriores de Chile, señor don José Ma- 
nuel Balmaceda, que cierra espléndidamen- 
te aquella negociación y que dice: «El Go- 
» bierno de Chile ha tenido una confianza 
» constante en la neutralidad y en la buena 
» amistad del Gobierno de los Estados 
» Unidos. Esta amistad y confianza se ro- 
» bustecen con las declaraciones que con- 
» tiene el protocolo de 11 de Febrero y 
» también con las que contiene la nota de 
» V. S., que tengo el honor de contestar: 
» junto con decir que no ofrecen los buenos 
» oficios de su Gobierno, expresan el deseo 
» de prestar sit concurso imparcial y su 
■» amistosa ayuda en las negociaciones que 
» pudieran conducir a los beligerantes a la 
^ terminación de la contienda». 

Estos precedentes se hallan, por otra 
parte, en perfecta conformidad con la doc- 
trina americana y con todos los principios 
del Derecho de Gentes. No necesito refe- 
rirme a las autorizadas opiniones, todas 
ellas contestes, de los grandes maestros y 



— 37 — 

profesores de Derecho Internacional, como 
Eluntschli, Martens, Funck Brentano y tan- 
tos otros, que han sabido precisar y seña- 
lar con admirable claridad todos los mati- 
ces de una gestión diplomática, que abra- 
za desde la asistencia o concurso amistoso 
hasta los buenos oficios y desde una me- 
diación aceptada por las partes hasta una 
intervención impuesta por la fuerza supe- 
rior. 

En las conferencias de La Haya queda- 
ron también definidos los términos y cir- 
cunstancias en que podía producirse una 
gestión oficiosa y los preliminares obliga- 
dos para conocer el espíritu y la voluntad 
de las partes interesadas. 

Pero será útil recordar en este momento 
la autorizada opinión de estadistas ameri- 
canos que han señalado siempre la pauta 
a que se ha ajustado la Cancillería de Was- 
hington. 

Mr. JFoster, Secretario de Estado, en ofi- 
cio de 23 de Noviembre de 1892, a Mr. 
Therrell, Ministro en Bélgica, decía a éste 
lo siguiente: «La buena voluntad con que 



-- 38,— 

el Ejecutivo de este país ha acogido en 
el pasado las invitaciones a ejercer amis- 
tosos oficios tendientes al arreglo de cues- 
tiones producidas entre otros países con 
los cuales los Estados Unidos mantienen 
relaciones de amistad, constituye una se- 
guridad del espíritu cordial con que tales 
insinuaciones serán acogidas cuando se 
dirijan al Presidente por las partes del 
respectivo diferendo. Debo, sin embargo, 
prevenir que el Presidente, por natural 
delicadeza, no hará manifestación de 
estar dispuesto a proceder en esa forma 
antes de que sus oficios sean solicitados 
por la acción concurrente de los dos Gro- 
biernos interesados... En varias ocasio- 
nes importantes, algunas de ellas recien- 
tes, el Presidente se ha abstenido de 
hacer ninguna manifestación anticipada 
a una de las partes respecto a la acogida 
que, llegado el caso, daría a una solicita- 
ción conjunta de su amistoso concurso 
como mediador o arbitro. Considero, por 
mi parte, tal actitud de reserva conforme 



— 39 — 

» con el concepto del recurso de la media- 
» ción amigable e imparcial». 

Y Mr. Hay, Secretario de Estado, decía 
en oficio número 235, de 16 de Marzo de 
1900, lo siguiente a Mr. Mc-Naily: «Siendo 
» algo vaga la frase buenos oficios, debe 
» limitarse a los dos usos para los cuales 
» este Departamento la considera ade- 
» cuada. En su primer sentido corres- 
» ponde al término francés Officieux o al 
» español oficioso, y significa el patrocinio 
» extra-oficial de intereses que el agente 
» tiene derecho a representar, pero que él 
» no cree conveniente tratar y discutir en 
» el terreno francamente diplomático. En 
» su segunda acepción, el concepto buenos 
» oficios es afín a mediación amistosa, a 
* título de consejero imparcial de ambas 
» partes, y no solamente supone sino que 
^ requiere el asentimiento de ambas partes, 
» y más frecuentemente, una indicación 
» espontánea de cada una de ellas » . 

Todos estos precedentes uniformes y 
toda esta doctrina claramente expuesta, re- 
ciben hoy día la más solemne consagración 



— 40 ~ 

en la actitud siempre consecuente de los 
Estados Unidos. 

A este respecto, cúmpleme reclamar 
ahora toda la atención de la Cámara para 
informarla de la importante comunicación 
cablegráfica que, en el momento de venir 
a esta sala, recibo de nuestra Embajada 
en Washington. Está fechada hoy 13. 

Ella producirá en el país la más grata 
impresión, y manifestará que estábamos en 
lo cierto cuando hemos tenido plena con- 
fianza en la inalterable amistad del pueblo 
de los Estados Unidos y hemos sabido 
apreciar el espíritu elevado y justiciero de 
su Gobierno. 

Dice así: 

«El Secretario de Estado, en larga y 
y> cordial conferencia de hoy en la mañana, 
>^ me explicó el pensamiento de este Go- 
» bierno, en orden a la cuestión entre Chile 
» y el Perú: «su propósito es sólo coad- 
» vuvar a evitar un conñicto armado en- 
» tre ambas repúblicas, así como entre 
» cualesquiera otras de América, evitando 
^ ejercer presión para imponer soluciones 



— 41 — 

determinadas. El mensaje del Presidente 
Wilson a los Presidentes de Chile y del 
Perú sólo tuvo ese alcance, cuidando 
deliberadamente de no emplear la pala- 
bra ni sugerir la idea de mediación. No 
entra ni entrará en los propósitos de este 
Gobierno ofrecer mediación, la cual sólo 
se ejercitaría en caso de ser espontánea 
y libremente solicitada por ambos países. 
El mensaje del Presidente Wilson fué 
comunicado a los Gobiernos del Brasil, 
Argentina, Uruguay, Ecuador y tal vez 
a otros, con el único propósito indicado, 
y no comprende cómo haya podido in- 
terpretarse diferentemente, y menos de- 
ducir de él la idea de proponer mediación. 
El Embajador de los Estados Unidos en 
Santiago debe haber explicado al Gobier- 
no de Chile el verdadero alcance del men- 
saje del Presidente Wilson». El Secre- 
tario de Estado concurrió convencida- 
mente conmigo en que no sería oportuno 
tratar el fondo de este problema, mien- 
tras no se restableciese una situación 



— 42 — 

» más tranquila, que uo imprima a la ges- 
» tión los caracteres de presión». 

El conocimiento de esta nota y la mani- 
festación que la Honorable Cámara hace, 
de asentimiento pleno y de calurosa adhe- 
sión, al pueblo y Gobierno de los Estados 
Unidos, excusan todo otro comentario. 

Entrego complacido esta información, 
desde esta alta tribuna, a la conciencia del 
país y estoy cierto que ella habrá de pro- 
ducir la confianza y la tranquilidad de la 
República. 



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